BIENVENID@S: BREVE HISTORIA DE UN MUTANTE REBOTADO
LA TRAVESÍA DEL DESIERTO
El título de esta columna se debe a una discusión amistosa que tuve hace poco con unas amigas en torno a un café. Hablábamos sobre los aspectos afectivos y emocionales de la normalización académica, en las distintas etapas de la vida de una persona con discapacidad motora.
La verdad es que, al menos para mí, el camino ha sido toda una experiencia de autosuperación, reafirmación y demostración continua de mis posibilidades. Aunque también he recibido el apoyo de gente que con ilusión en una sociedad mejor pusieron su confianza en mí, espero no haberles fallado, gracias.
Lo que a continuación voy a relatar brevemente, es sólo mi experiencia, si a alguien le sirve, bien estará y sino será al menos un granito de arena en el desierto de la normalización.
Los comienzos para las personas con discapacidad de mi generación fueron difíciles. Para empezar, no se concebía la integración académica, eran los tiempos de las caras de asombro, las respuestas peyorativas y las sonrisas sarcásticas por parte de la administración. Así que empecé mi educación primaria en el INSERSO, (actual Centro Base de la Gerencia de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León), sin ningún tipo de integración académica, solo con un equipo de educadoras/es y profesionales que cargados/as de voluntad y buenas intenciones llegaron a creer en mí, (aunque en justicia, debo decir que yo he sido un privilegiado tanto en este aspecto como familiarmente).
Después, pasé (junto a todo el grupo de personas con discapacidad), al Colegio Público <
La Educación Secundaria, fue una de las etapas más significativas de mi vida. Fue en el Instituto de Educación Secundaria <
En cuanto a la Selectividad, los únicos obstáculos que hubo que salvar fueron el como conseguir un ordenador y el conseguir algo más de tiempo si era necesario.
Mi llegada a la Universidad, en la Escuela Universitaria Adjunta de Relaciones Laborales, como siempre fue una lucha por derribar barreras arquitectónicas y mentales. Una muestra de lo que tuvo que ser esta lucha fue que mi adaptación para superar las escaleras, (un elevador hidráulico, después de eliminar ideas grotescas como una rampa de madera), fue construyéndose, piso por piso, según iba superando los diferentes cursos. Eso fue debido a que aquí, como en todos los sitios, tuve que demostrar que mi discapacidad física no llevaba aparejada una discapacidad intelectual, puesto que la adaptación arquitectónica iba realizándose según aprobaba los diferentes cursos. Después de esos comienzos, la experiencia fue académicamente buena con la ayuda técnica de un ordenador y una impresora, acabando la carrera de Relaciones Laborales sin ningún contratiempo más.
En la actualidad, soy estudiante de Educación Social, en la Facultad de Humanidades y Educación. En este primer curso, los únicos problemas iniciales fueron el acceso al autobús adaptado y el bordillo que había para llegar a la rampa de acceso, el primer problema, parece estar solventado gracias a la cooperación de mis compañeras/os y de los trabajadores/as del Servicio Municipalizado de Autobuses; en cuanto al segundo problema, también se ha solucionado.
Por lo demás, mi normalización académica en esta Facultad se puede calificar de ejemplar, tanto académica como socialmente. Esquemáticamente, las diferencias y mejoras que he notado en esta Facultad han sido los siguientes:
• Ayuda técnica de un ordenador portátil, conseguido a través de la Unidad de apoyo a estudiantes con discapacidad de la Universidad de Burgos, lo que me permite una mayor libertad de movimientos.
• La eliminación de la distancia con las/os compañeras/os, siendo la primera vez que tengo compañeras/os al lado, con el avance normalizador que esto supone.
• La experiencia de tener una mayor cercanía con las/os compañeras/os y profesoras/es debido a la afinidad ideológica con ellos/as y su compromiso social intrínseco en la filosofía de la propia Facultad.
• El poder dedicarme con mayor profundidad al estudio de la situación y los problemas de mi propio colectivo, con el apoyo y el respaldo técnico e institucional de la Facultad de Humanidades y Educación.
Esta es, a grandes rasgos, mi experiencia, la cual no quiere ser ejemplo para
nadie, sino un simple testimonio.
Desgraciadamente, y contra todo pronóstico, la situación actual de los/as chicos/ascon discapacidad a parecido empeorar a pesar de que ahora la integración se lleva a cabo desde el primer momento de escolarización.
Este empeoramiento, empieza a notarse socialmente con la llegada de la adolescencia, aquí los/as estudiantes con discapacidad empieza ha notar el distanciamiento con sus compañeros/as. Más tarde, cuando se acaba la enseñanza obligatoria (Bachillerato y módulos profesionales) , la situación empeora con la negación de la administración a proporcionar a los/as chicos/as un/a cuidardor/a para atender sus necesidades físicas y fisiológicas. Esto impide o entorpece el acceso a los estudios universitarios.
Esta situación, lejos de ser un defecto de forma, ha sido actualmente legitimada por la <
Fdo.: Víctor Villar Epifanio
